11 Enero 2016

Raquel Trigueros

3º GASTRONOMÍA-UCAM

La mañana del 11 de Diciembre los alumnos del Proyecto del Plan Transversal de Educación y Formación visitamos el colegio San Vicente de Paúl, en el Palmar, Murcia. Fuimos los cuatro componentes del proyecto, Ana García (1º), María Fernández (2º), David Dólera (2º) y yo, Raquel Trigueros (3º).

A nuestra llegada en el colegio nos recibió el director, Antonio, el cual hizo de guía por todo el recinto y nos llevó hasta la cocina, nuestro lugar de trabajo. Después de mostrarse muy servicial con nosotros optó por dejarnos junto a los fogones con Elvira, la cocinera del centro, y Encarni, su ayudante. Ellas hicieron que nos sintiéramos como en nuestra casa, sin un ojo observador encima, con el fin de que pudiéramos preguntar y hacer a nuestro antojo. Estuvimos las siguientes dos horas allí, preguntando y observando cómo trabajaban, cómo se organizaban, cuándo llegaban los proveedores, y así un largo etcétera de cosas por hacer.

Como no parábamos de hacerles preguntas y muy humildemente ellas nos contestaban, sin querer las retrasamos de su puesta en marcha; y se acercaba la hora de comer y las patatas para dar de comer a los niños estaban sin pelar. Viendo el agobio de Elvira y que había 8 manos esperando entrar en calor, nos ofrecimos para ayudar a pelarlas, y no se lo pensó. Dejando ya la comida marchando, nos dispusimos a montar el comedor.

Mientras se hacia la hora del primer turno, aprovechamos para subir a la sala de profesores para hablar con alguno de ellos, ya que una de nuestras líneas a trabajar dentro del proyecto es crear un programa de competencias para poder incorporar la gastronomía como una asignatura más dentro del plan de estudios infantil. Allí conocimos a María José Mendoza, totalmente predispuesta a ayudarnos en cualquier duda, cuestión o dato que necesitáramos para posteriormente enviárnoslo. Y así fue.

Como se hizo la hora del primer turno del comedor y queríamos observar cómo le daban de comer a los más pequeños y cómo éstos llevaban a cabo la compleja tarea de comer solos cualquier tipo de alimento, nos dispusimos a bajar.

El comedor se encuentra con facilidad sólo con dejarte llevar por el sutil sonido de los niños, platos, vasos y cubiertos, todo sonando al unísono. De repartir la comida se encargaban Elvira y Encarni, disponiendo carritos que van por el centro del comedor y sirviendo a su paso por cada mesa. De estar con los niños y ayudarlos a comer se encargaba el personal de apoyo, los cuales tienen cada uno dos mesas a su cargo. El menú de ese día era puré de alubias con verduras y merluza rebozada con una rodaja de tomate; de postre, por ser viernes, les tocó flan, y fruta, para quien no quisiera el primer postre.

Nos agradó ver que los platos se recogían vacíos, y si algún niño no se lo comía, por poco que fuera una cucharada le hacía probar; eso nos gustó porque poco a poco vas enseñando al niño a que hay que comer de todo y empiezas a acostumbrar su paladar. Nos dijeron que gracias a eso muchos niños que entraron sin querer probar una hoja de lechuga o cualquier otro ingrediente, hoy en día se lo comían con mucho gusto. Y así, con dos turnos más, se terminó la jornada del viernes.

Amenazamos con volver, en este caso, metiendo con gusto las manos en la masa, pues la próxima visita sería para trabajar mano a mano junto con el personal de cocina.

Fueron muy agradables, nos recibieron con mucho mimo y muy buen trato. Personas que ofrecen lo que tienen con humildad y alegría. Lo mejor de todo: el bocata que nos dieron para almorzar, como buenos niños de colegio. ¡Que rico estaba!

Y como no podría ser de otra manera, todo ello no sería posible sin un buen trabajo en equipo. Gracias chicos.