27 Abril 2015

Vicente Cerdrá

1º Gastronomía

“Aparte del gusto, el único sentido capaz de despertar a nuestro estómago es el olfato…”

La ciencia se equivoca con el libro ORIHUELA Y LOS YANTARES DE LA VEGA BAJA. De la mano de Pedro Luis Nuño de la Rosa, viajamos por la fotografía e historia del sudeste ibérico. Por qué éste territorio posee, a día de hoy, una de las culturas gastronómicas más ricas del panorama valenciano y alicantino, entendiendo más a Joaquín Sorolla y su debilidad manifiesta por esta zona, sus paisajes, su gente y sus manjares.

Este libro, casi relato, nos transporta a la época donde los fenicios con el vino y su comercio, dejaron huella junto a las invasiones romanas y árabes trayendo estos últimos sus recetas golosas, la reconquista catalana e incluso la influencia del Magreb, cocina Europea y Oriental.

Se rescata la memoria, no toda escrita, de la historia oriolana, sus orígenes, los banquetes y la evolución de las costumbres en la mesa, tabernas, ventas y ventorrillos, los momentos estancos y prósperos de un lugar que fue, en un momento dado, una ciudad más grande e importante que Murcia y Alicante.

Siguiendo el recorrido, hacemos una parada mirando al mar, ante la “bouillabaisse”, precursora del típico caldero marinero con el preciado marisco del Mar Menor. Nos giramos mirando al interior, observando la huerta donde se distinguen joyas como la alcachofa o popularmente llamado alcaucí, muy común por la Vega Baja. Pero si hay algo que sobresale en este abanico, y le merece unas cuantas páginas en la obra, son las especialidades en arroces, Hargwla (Orihuela en árabe) es un epicentro cultural del arroz valenciano, un núcleo dividido por el río Segura, donde destaca el arroz-costra, peculiar de la zona y toda una maravilla que varía según el maestro/a de cada casa, pero con una filosofía común.

Como buen crítico gastronómico, el autor deja los postres para el final, descubriéndonos los conventos de clausura, dando un salto secular y recopilando los dulces de temporada elaborados por monjas de clausura, como cápsulas en el tiempo, donde además encontraremos en estos 'pequeños placeres' el reflejo de un pasado árabe.

Para acabar, Pedro Luis pasa la pluma por encima de maestros cocineros, hablándonos del evento gastronómico que es Sabore-Art, donde se juntan cocineros de la talla de Quique Dacosta o Paco Torreblanca (virtuoso repostero eldense).

Se descubre una Orihuela desconocida y muy cercana para mí, donde por poco, se condensa toda la cultura alicantina en un mismo espacio; veo un pedazo de historia y una cultura gastronómica de cada localidad o pueblo, entre los platos y costumbres de Orihuela, un lugar que desde ahora contemplaré con otros ojos.

Me gustaría terminar con una frase oriolana, y es que "sean como sean los años venideros, buenos o malos, llueva o no llueva, siempre habrá trigo en Orihuela".